Artículo de opinión publicado en Diario Extra:

Las decisiones que afectan el precio del tabaco no son neutras. Tienen consecuencias directas en la salud de la población, en el inicio del consumo entre jóvenes y en los costos que debe asumir el sistema de salud. Por eso, la reciente actualización del impuesto específico al tabaco, informada por Diario Extra, que implicará una reducción en su monto a partir del 1° de abril, genera una seria preocupación desde la perspectiva de la salud pública.
El tabaco no es un producto cualquiera. Es el único producto legal que, utilizado exactamente como lo indica el fabricante, mata hasta a la mitad de quienes lo consumen. Por esa razón existe un amplio consenso internacional sobre la importancia de utilizar la política fiscal como una herramienta clave para reducir su consumo.
La evidencia científica es contundente. Diversos estudios han demostrado que aumentar los impuestos al tabaco es la medida más costo-efectiva para disminuir su consumo, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Cuando el precio sube, menos personas empiezan a fumar y más fumadores consideran abandonar el hábito.
Sin embargo, en la práctica ocurre algo que pocas veces se discute. Las propias tabacaleras aumentan con frecuencia los precios de los cigarrillos, pero el impuesto específico no se actualiza en la misma proporción.
Como resultado, ese incremento termina convirtiéndose en mayores ganancias para la industria tabacalera, mientras que los costos de atender las enfermedades asociadas al tabaquismo recaen sobre los ciudadanos.
Un estudio reciente elaborado por investigadores de la Universidad Nacional en colaboración con la Red Nacional Antitabaco confirma que Costa Rica aún tiene margen para fortalecer su política fiscal sobre el tabaco.
El análisis demuestra que aumentar los impuestos permitiría reducir el consumo y, al mismo tiempo, mejorar la recaudación para enfrentar los altos costos sanitarios asociados al tabaquismo (más de ¢300 mil millones al año).
Actualmente esos costos recaen en gran medida sobre la Caja Costarricense de Seguro Social y sobre toda la sociedad. El tabaquismo está relacionado con múltiples enfermedades graves, entre ellas cáncer, enfermedades cardiovasculares y enfermedades respiratorias crónicas, que generan una carga creciente para el sistema de salud.
Pero hay otro aspecto que no puede ignorarse: cuando el tabaco se vuelve más accesible, aumenta la probabilidad de que las personas jóvenes comiencen a fumar. El precio es uno de los factores que más influyen en la decisión de iniciar el consumo. Permitir que los impuestos pierdan valor real con el tiempo —o incluso que disminuyan— termina favoreciendo la expansión del mercado de la nicotina.
Diversos organismos internacionales, entre ellos la Organización Mundial de la Salud y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), inclusive el Banco Mundial, han señalado que los impuestos al tabaco son una de las herramientas más poderosas para prevenir enfermedades y salvar vidas.
Costa Rica fue reconocida internacionalmente por sus avances en el control del tabaco desde la aprobación de la Ley 9028, en el 2012. Mantener y fortalecer estas políticas es fundamental para proteger la salud de la población.
Porque cuando el tabaco se vuelve más barato, el resultado es predecible: más consumo, más enfermedad y mayores costos para el país.
Por eso, la evidencia es clara: los impuestos al tabaco deben fortalecerse, no debilitarse.
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